«Hay que desactivar esta iniciativa porque están amenazando al gobierno civil»

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La irrupción en la escena política de una mesa de enlace de militares y policías retirados fue denunciada desde el Gobierno nacional como un intento de disputarle autoridad a la conducción de las fuerzas actuales y de reinstalar discusiones saldadas desde los albores de la democracia. La socióloga Paula Canelo, directora del Observatorio de las Élites e investigadora del CONICET, es una de las especialistas que más ha recorrido el vínculo entre las fuerzas armadas y la política. Autora de El Proceso en su laberinto y de La política secreta de la última dictadura militar argentina, Canelo dialogó con Página/12 y sostuvo que es necesario desactivar esta iniciativa antes de que sus voceros se posicionen como actores políticos centrales en materias tan sensibles como son la defensa y la seguridad.

–¿Le parece novedosa la creación de una “Mesa de Encuentro” entre retirados de las fuerzas armadas y de seguridad?

–Las organizaciones de retirados son una forma de expresión típica, histórica de las fuerzas armadas. Porque, en general, han sido instrumentos con mayor capacidad de acción y presión que los oficiales que están en actividad y los que tienen cargos de gestión que, además, son designados por las autoridades civiles y que por lo tanto están sujetos a las leyes y reglamentos militares que les impiden hablar o reclamar sobre ciertas cosas. En este sentido, las organizaciones de retirados son peligrosas para el poder civil porque tienen las manos más sueltas para reclamar y ser la voz de reclamos corporativos de los militares y, en este caso, de policías también.

–Entonces no es una experiencia tan inédita como se la presenta…

–Los antecedentes más parecidos a esta mesa aparece en un momento de mucha crisis en la Argentina, en el año 2000 durante el gobierno de la Alianza, sobre todo como consecuencia de los juicios por la verdad y por el desastre salarial y presupuestario que estaban sufriendo las fuerzas, entre otros empleados estatales y la sociedad argentina en general, fueron el Foro de Generales Retirados y el Foro de Almirantes, que confluyeron con el ya existente Círculo Militar que entonces estaba conducido nada menos que por Ramón Genaro Díaz Bessone. Tuvieron una presencia pública extraordinaria y fueron algo así como los gremialistas de los militares en actividad. Lo que fue muy fuerte en este período y que me parece que lo diferencia de lo que sucede hoy con el ministro Agustín Rossi es que estas organizaciones de retirados tenían un vínculo muy fuerte con (el entonces jefe del ejército) Ricardo Brinzoni. Estas organizaciones son una forma de reclamo que está entre lo permitido y lo no permitido, y muchas veces logran reunir a militares retirados con otras organizaciones cívico militares.

–¿Cómo se lee, entonces, esta irrupción en la vida política de esta “Mesa de encuentro”?

–Me parece que hay que desactivarla lo antes posible porque estos grupos empiezan a ser algo así como la pata sindical de los militares, y tienden a autonomizarse y se convierten en actores públicos peligrosos. Me preocupan varios elementos que los caracterizan ahora.

–¿Por ejemplo?

–Primero, esta unión en la misma mesa de fuerzas armadas y fuerzas de seguridad, que debería ser neutralizada de inmediato porque la Argentina construyó su sendero desde la democracia en adelante en la separación tajante entre defensa y seguridad, y me parece que deberían permanecer separadas. En todo caso estos reclamos gremiales y profesionales, deberían pasar por las autoridades en actividad efectivamente elegidas por el gobierno de Alberto Fernández. La segunda cuestión tiene que ver con que parece paradójico, y esto lo señaló Rossi en su mensaje, que se consolide una mesa de encuentro entre fuerzas armadas y policías en un contexto en el cual el mismo ministro reconoce que en el último mes muchos de ellos han tenido un incremento salarial de 50.000 pesos, demostrando claramente que dentro del amplio espectro de los empleados estatales han sido deliberadamente beneficiados por el gobierno de Fernández, en un contexto de privación general de la mayor parte de la población. La tercera cuestión es que, si ya fueron beneficiados materialmente, lo que están buscando es protagonismo político. En cuarto lugar, me parece que esto muestra que no estaría funcionando este reconocimiento económico de las fuerzas del orden en nuestro país, sino, por el contrario, lo que se está haciendo es alimentar pretensiones políticas, porque el reclamo evidentemente no es salarial, sino de mayor espacio político.

–¿Cuánta prédica tienen los retirados entre las generaciones en actividad?

–Los retirados van a tener toda aquella prédica que no tengan las autoridades militares designadas por el ministro de Defensa y por el Presidente de la Nación. Todo el espacio de vacancia que dejen va a ser rápidamente ocupado por este tipo de asociaciones informales que, una vez que aparecen en la escena pública, son difíciles de desactivar. Además, este tipo de organizaciones tienen vínculo estrecho con funcionarios del gobierno de Cambiemos, que son precisamente las principales fuerzas de oposición en este momento. Me parece que es una situación peligrosa, que hay que actuar muy rápidamente y hay que desactivar este tipo de iniciativas porque fácilmente pueden salirse de control y porque efectivamente están amenazando la autoridad de los jefes militares y, por consecuencia, del gobierno civil.

— ¿Por esta composición se la puede vincular con organizaciones emblemáticas como Familiares y Amigos de Muertos por la Subversión (FAMUS)?

–En general, las comisiones de retirados, durante los gobiernos autoritarios de los ’60 y de los ’70, se dedicaban a organizar seminarios y a celebrar los golpes de Estado anteriores e intentar ser algo así como consejeros para los gobiernos militares de turno. A partir de la transición a la democracia, empezamos a conocer a la que es más famosa que es FAMUS de los años ’80, que unía a familiares y amigos con distintos voceros de las fuerzas armadas, abogados, intelectuales, periodistas, que tuvieron una presencia pública durante los avances de los procesos de justicia en esa época. En los años ’90, asistimos al surgimiento de lo que se llamaron las organizaciones de memoria completa, que no fueron sólo de retirados, sino que acá había un fuerte componente cívico-militares y de familiares y de redes de parentesco y de amistad. Estas organizaciones quisieron disputarle a los organismos de derechos humanos la verdad sobre el pasado reciente y quisieron, además, lograr el reconocimiento legal y estatal de sus reclamos, mezclando todo esto con la cuestión del desconocimiento del terrorismo de Estado y los crímenes cometidos. Durante la historia reciente, todas estas organizaciones tan entremezcladas entre sí estuvieron vinculadas con el espacio negacionista. No está claro, porque también es cierto que recién se está conformando, si la «Mesa de Encuentro» intentará hacer algún tipo de posicionamiento, también, sobre el terrorismo de Estado.



Fuente: Pagina12

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